domingo, 22 de noviembre de 2009

Sobre la inexistencia de la culpabilidad y su necesidad social

Cuando, ante un situación en la que podemos diferenciar una víctima y un actor del daño, ya sea psicológico o físico; generalmente atribuimos la culpabilidad del mal provocado a el actor del delito o, en todo caso, a sus cercanas compañias por las que se ha podido ver influenciado. Trátase esto de un hecho irrefutable que ,como empírcamente podemos comprobar, contraresta el mal en favor del bien global de la sociedad. Situándonos en defensa a favor de lo que a priori parece ser la víctima, inevitablemente atacamos al actor de la acción, de este modo la paulatina eliminación del mal se hace patente mediante la presión ejercida por la sociedad sobre el individuo. Esta cualidad de hacernos en favor del bien supone una de las bases de nuestro éxito como animales en la cumbre de la evolución, ya que la eliminación del débil comporta la posterior eliminación de débiles por parte de los superiores, mientras que en nuestra situación los débiles són, por lo general, protegidos; consiguiendo su supervivencia, que resulta ser mayor.
Ahora, fuera del mecanismo de regulación social que todos tenemos, la culpabilidad no es absolutamente nada. Resulta ser una nimia creación mental de autoregulación de nuestra totalidad como individuos. Planteemos el porqué de la carencia de valor:
La culpabilidad de un acto se atribuye a el causante de tal. Así pues, debiéramos buscar el o los causantes de tales males.
Pero, cuando creemos haber encontrado el inidividuo a quien achacar la culpabilidad de los actos no estamos mas que reduciendo la causalidad de los acontecimientos. Supongamos un ejemplo:
Un hombre pega a su hijo en reiteradas ocasiones.
Inevitablemente nos sentimos en compasión con el hijo y en contra de el maltrato que recibe. Pero tratando el asunto desde la más profunda razón debemos indagar mas en las causas de tal aberración.Proporcionando mas información, la visión del asunto perderá subjetividad:
En su contexto, el padre siendo niño perdió a su madre y fué abandonado por su padre, situación vivida que le marcó para siempre, y sumemos ahora que en su situación actual el hombre resta en el paro y las dificultades económicas se agravan constantemente. Nótese pues cómo la perspectiva cambia.
Si pudiéramos hacer zoom sobre este o cualquier caso en particular, buscando la culpabilidad, el centro del mal, nos ocurriría algo parecido a los científicos en la busca del éter; acabaríamos por admitir su no-existencia, y por consiguiente el calibre del valor de la relatividad de los acontecimientos entre humanos.
No existe pues la culpabilidad objetiva. La subjetiva podemos decir que sí existe pero siempre que sea infundada en falsedades o desconocimientos del caso. Empero, la necesidad de achacar el mal a alguien es patente en nosotros. Sería imposible vivir sin poder culpar a nadie de ciertos acontecimientos que nos han podido resultar nocivos. Necesitamos de un sustrato sobre el que posar nuestros falsos razonamientos para así conseguir una férrea defensa subjetiva.